¡Comunicado urgente! ¡N0 a la extradicción a Italia del compañero anarquista Gabriel Pombo

Gabriel Pombo da Silva fue condenado en Italia, en un juicio en el que no estuvo presente, a dos años de prisión por ¨apología del terrorismo¨.
En este delirante procedimiento judicial el estado italiano le acusa y condena por unos actos ( escribir y/o debatir y/o divulgar) cometidos desde el interior de su celda en una cárcel de alta seguridad en Alemania donde cumplía condena (en Alemania opinar no es delito).
Los textos fueron difundidos en tres blogs desde 2009 a 2012.
Italia ha cursado una OEDE (Orden Europea de Detención y Entrega) contra Gabriel, por lo que fue detenido en Vigo el 7/12/2025 y puesto a disposición de la Sección de Instrucción del Tribunal Central de Instancia, a cargo del juez Santiago J. Pedraz Gómez, ese mismo día quedó en libertad provisional.
Este juez ha accedido a la detención y entrega de Gabriel a los italianos, si bien condiciona esta última a que allí garanticen su derecho a un nuevo juicio o a interponer un recurso, lo que allí es simplemente imposible.
Italia es un estado obsesionado con liquidar a las revolucionarias anarquistas, a quienes persigue recalcitrantemente, con quienes se ensaña y a quienes encarcela a discreción.
Arrojar a un anarquista cómo Gabriel , a quien la prensa mercenaria italiana por encargo de la policía ha bautizado cómo “el rey de los anarquistas” a las fauces de la inquisición antianarquista itálica, es lo mismo que entregar a un militante palestino a Israel, o a un activista homosexual a Arabia Saudí, nadie duda del exquisito trato que recibirán.
Ejemplo, a Alfredo Cospito, anarquista preso en Italia desde 2012 y que lleva en aislamiento extremo (art. 41 bis) desde mayo de 2022, defendiéndose con duras huelgas de hambre, le han prorrogado esta infame medida este pasado treinta de abril durante otros cuatro interminables años.
El aislamiento extremo es tortura extrema.
Si a Gabriel se le lanza a las garras del sistema judicial italiano, nadie puede garantizar que regrese, ni en qué condiciones lo haga.
Nuestro compañero ha pagado con más de treinta años de cárcel su entrega desinteresada, su compromiso con la lucha por la justicia, la equidad y la libertad integrales, y ahora le quieren arrancar de entre los suyos, su compañera, su hija, para entregarle maniatado al sádico y anarcófobo estado italiano.

No lo podemos permitir!
No lo vamos a permitir!

PEDIMOS la máxima difusión de este comunicado y de toda nueva información sobre este grave asunto.
OS PEDIMOS SOLIDARIDAD

 

Para escuchar o descargar el programa especial sobre la situación del compa Gabriel Pombo da Silva, pincha en la imagen.

La lucha más allá de los barrotes: De Hasel y el 27 F a Cospito y la lucha internacional contra el aislamiento

En febrero de 2021, P. Hasel rapero y militante comunista, recibe una orden de entrada a la cárcel, “ culpable” de cantar la verdad sobre los reyes.
Se niega a entregarse y arropado por sus compañerxs se barrica en la universidad de Lleida. Seguirán 10 días de intensos disturbios en toda Catalunya y otros lugares del Estado que culminarán el 27 febrero con la detención de 7 compañeros en el marco de un farragoso montaje policial.

A 5 años de aquellos días los compañeros siguen enfrentándose a posibles penas de décadas de prisión, Pablo sigue encarcelado y firme en su principio renunciando descuentos y permisos.

El 5 de mayo del 2022, el día sigueinte a la puesta en libertad de los 7, a unos mil km de distancia, Alfredo, ya detenido desde una década, es re-clasificado en régimen/tortura de 41bis y condenado a morir entre rejas. Empezará una huelga de hambre de más de 6 meses que lo llevará al borde de la muerte.

Hablaremos de como la lucha puede seguir adentro de los muros y de como la inquebrantable voluntad de un individuo pueda llegar a doblegar hasta la razón de estado.
Hablaremos de como podemos, quienes estamos al otro lado, apoyar las reivindicaciones de lxs presxs en lucha y como estxs también pueden participar en el conflicto fuera de los muros.

Entrevista a Ricardo Genelhú, co-autor del libro «Yo, la prisión ¡Confieso!»

Hoy martes 17 de marzo tendrá lugar a las 19:30 horas en el CSA La Libre de Santander, la presentación-lectura dramatizada de la obra de teatro Yo, la prisión ¡Confieso!. El libro, escrito por Marlon Húngaro y Ricardo Genelhú, plantea la cárcel como un “personaje” y cuestiona críticamente el sistema penitenciario a través de una dramaturgia que mezcla reflexión política y teatro. Ambos autores, reconocidos profesores universitarios en el campo de las ciencias criminológicas que, en este texto, se adentran visceralmente en el abolicionismo de la cárcel, hacen que la criminología se una, con maestría, a la dramaturgia y a la imaginación.

Aprovechando el evento, desde Briega, entrevistamos a uno de sus autores, Ricardo Genelhú. Él es un investigador y escritor brasileño en el área de la criminología crítica. Doctor en Derecho Penal por la Universidad Estatal de Río de Janeiro, con Posdoctorados en Política Criminal y Criminología en la Universidad de Hamburgo, miembro de “No Prison” y de otras asociaciones como el Instituto Caricoca de Criminología (ICC) o de la Asociación Lationamericana de Derecho Penal y Criminología (ALPEC) y autor de numerosos artículos y varios libros sobre la crítica a la prisión y al encarcelamiento.

Ricardo, una de las cuestiones que más llama la atención en el libro es que la prisión aparece como un personaje con voz propia. ¿Cómo surgió la idea de narrar el sistema carcelario desde esa perspectiva teatral y personificada?

Influenciado por Beckett, Genet, Ionesco, Pinter, etc., y con el objetivo de democratizar y popularizar la criminología, acercándola a sus destinatarios reales, escribí un libro anterior, que también es una obra de teatro, titulado «Contracenando com o diabo …no covil dos Criminólogos: uma peça de teatro do absurdo sobre a abolição das prisões» (Compartiendo escena con el diablo… en la guarida de los criminólogos: una obra de teatro del absurdo sobre la abolición de las prisiones). La idea del nuevo libro surgió después de que Marlon Húngaro y yo conversáramos sobre el anterior y consideráramos producir otra obra teatral, esta vez con la prisión como protagonista, porque ese es el papel que, lamentablemente, ha desempeñado en nuestra sociedad punitiva. Así pues, la idea solo pretendía revelar, en forma teatral, una realidad aterradoramente preocupante, que debería ofender la lucidez de las personas.

Yo, la prisión ¡Confieso!” combina dramaturgia y crítica social. ¿Qué puede aportar el teatro o la ficción que quizá no logra un ensayo académico sobre las cárceles?

Creemos que la principal diferencia que puede ofrecer es la de transformar el discurso generalmente burocrático y, a veces, innecesariamente científico, presentado por la criminología, en una narrativa sencilla que, al estar disponible a nivel cotidiano, tiene más posibilidades de ser accesible para quien lo lea que, directa o indirectamente, pueden identificarse más fácilmente con la tristeza, la angustia o el malestar de la historia contada, sensibilizándose con la necesidad de su solución urgente.

Durante el proceso de escritura, ¿hubo testimonios, experiencias o lecturas sobre el sistema penitenciario que influyeran especialmente en la construcción de la obra?

Creemos que nuestra obra es el resultado modesto y simplificado de todo lo que ha influido en nuestra formación, ya sean experiencias personales o profesionales. Además de la innegable influencia de quienes vinieron y lucharon valientemente antes que nosotros e influyeron en nuestro inconformismo sobre la cuestión penitenciaria, siendo imprescindible citar, aunque sin agotar la lista y sin ninguna jerarquía: Raúl Zaffaroni, Sebastián Scheerer, Juarez Tavares, Juarez Cirino, Ignacio Anitua, Vera Andrade, Vera Malaguti, Alicia Alonso, Massimo Pavarini, Howard Becker, Bronislaw Malinowski, innumerables novelistas, dramaturgos, etc.

El libro plantea una crítica radical al modelo de castigo. ¿Qué debate social les gustaría provocar en los lectores después de terminar la obra?

Sin duda, el deseo era intentar llamar la atención de la gente, para que al menos aceptaran escuchar otra versión sobre el encarcelamiento. Una versión que pone de manifiesto el doloroso hecho de que la prisión es ingrata y que no es fiel a la mano que la alimenta, ya que todas las personas estamos sujetas a su arbitrariedad, independientemente de lo que hagamos o dejemos de hacer, es decir, de si nuestras actitudes se consideran delictivas o no.

La cárcel se presenta como una institución estructuralmente violenta. ¿Crees que el problema es cómo funcionan las cárceles o que la propia idea de cárcel es incompatible con una sociedad justa?

Creemos que es lógicamente imposible conciliar «sociedad justa (justicia social) y prisión», porque una contradice evidentemente a la otra. Donde hay prisión, la sociedad será necesariamente injusta, porque el confinamiento nunca dejará de ser selectivo. Para nosotros, el castigo, producido principalmente por la cárcel, no puede coexistir con la idea de civilización (natural en una sociedad justa). De hecho, revela exactamente lo contrario. Es decir, cuanto más castigamos, menos civilizadas demostramos ser, porque, etimológicamente, civilización proviene de ciudadano (civis), y el encarcelamiento sigue la lógica de un zoológico, en el que las personas se convierten en animales de exhibición con una intención que no ha funcionado durante más o menos 250 años. Así, al igual que los animales, encarcelamos solo para satisfacer el placer del espectador que cree que su culpa se verá aliviada por el castigo del nuevo chivo expiatorio que es elegido diariamente por la prisión.

En el libro la prisión “confiesa”, pero rara vez las instituciones lo hacen. ¿Crees que la sociedad realmente quiere escuchar lo que ocurre dentro de las cárceles o preferimos mantenerlo fuera de la vista?

Parece que la mayoría de la gente realmente no quiere saber lo que ocurre en las cárceles, prefiriendo mantener la tragedia del otro, aquella persona considerada criminal, lejos de sus propios ojos, oídos, paladar y tacto, simplemente por juzgar erróneamente que, como mínimo, se lo merecía. Aun así, creemos que no podemos rendirnos, ya sea porque muchas personas ni siquiera tienen la mínima fuerza para manifestarse y exigir justicia, o porque no podríamos dormir tranquilos sabiendo que la prisión, que es el mayor crimen cometido en la Tierra, seguiría engañando a casi todo el mundo y reproduciendo el crimen que ella misma afirmó que combatiría.

Si la prisión pudiera seguir “confesando” más cosas que no aparecen en el libro, ¿qué verdades incómodas del sistema penal creen que aún faltan por decir públicamente?

Quizás la más importante sea también la más difícil de digerir: que la cárcel canaliza nuestro sadismo, consistente en ver a otra persona pagar y sufrir por una deuda que es colectiva, porque solo así nos sentimos ilusoria y provisionalmente menos culpables que esa persona.

Vuestra obra cuestiona el sistema penitenciario como mecanismo de castigo. Si las cárceles no funcionan como se supone —rehabilitar, reintegrar—, ¿por qué crees que seguimos defendiéndolas como solución principal?

Probablemente, todavía se defiende, y casi siempre con vehemencia: a) porque la mayoría de las personas creen inocentemente que la cárcel realmente funciona para lo que se propone, aunque sea de manera ineficaz, lo que ya es suficiente para su mantenimiento; o b) porque las personas imaginan prematuramente que la sociedad se destruiría si se renunciara al encarcelamiento, lo cual es impensable para ellas; o c) porque algunas personas, aun conscientes de la arbitrariedad y la injusticia de la prisión, simplemente desean disfrutar viendo sufrir al otro en su lugar; aunque incluso hay d) quienes creen inocentemente que la prisión hace algún bien, o incluso mucho bien, y que es indispensable.

Si mañana se pudiera reformar radicalmente el sistema penal, ¿qué cambiarías primero y qué papel debería tener —o dejar de tener— la prisión en esa transformación?

Solo hay dos sistemas posibles. Uno es el que Sebastian Scheerer y yo denominamos en nuestro libro” Manifiesto para abolir las prisiones” como método homeopático. Según este, la mayoría de los tipos penales (delitos) se trasladarían a otras ramas del Derecho y se resolverían mediante el Derecho civil, tributario, laboral, administrativo, medioambiental, etc. Obviamente, sin la imposición de sanciones penales, es decir, mediante la aplicación de multas, reparaciones (indemnizaciones, compensaciones, etc.), cierres de actividades, prohibiciones de contratar, etc. Al derecho penal se le reservarían solo unas 8 o 10 conductas que seguirían, al menos durante algún tiempo, siendo consideradas delictivas, aquellas que hipotéticamente ocurren con más frecuencia o que más molestan a la sociedad. Pero el problema de este sistema es que sigue siendo selectivo, lo que hace que una minoría cargue con todo el peso de las desviaciones de la mayoría de las personas. El otro método sería el que llamamos quirúrgico. Según este, todas las conductas pasarían del derecho penal a las demás ramas del derecho, eliminando definitiva e íntegramente el castigo. Por muy radical que parezca, ¿no es eso lo que ya ocurre, y de peor manera, cuando descubrimos que la impunidad de la mayoría de los delitos se acerca, cuando no supera, al 90 %? s decir, no admitimos que los delitos sean resueltos de manera real y eficaz por las demás ramas del derecho, pero no nos molesta que ni siquiera se resuelvan, quedando impunes sus autores, a quienes a menudo ni siquiera llegamos a conocer. Se trata de una incoherencia que debe ser denunciada para que nadie más se atreva a seguir defendiéndola.

Quieres añadir alguna otra aclaración para quienes lean el texto…

Desde hace 250 años, la prisión promete prevenir los delitos mediante la aplicación de castigos. Teniendo en cuenta que prevenir significa hacer que los delitos dejen de ocurrir, es decir, que desaparezcan, ¿por qué cuanto más encarcelamos, más tenemos que encarcelar? Esta es una pregunta cuya respuesta invalida cualquier argumento en contra de la abolición de las prisiones, porque deja claro que el objetivo nunca fue proporcionar una sociedad más segura, ya que el mantenimiento de las cárceles contribuye a nuestra inseguridad, al multiplicar la delincuencia.

Por último, aclaramos que el objetivo de nuestro texto no es defender al delincuente, el delito, la delincuencia, porque ya están muy bien defendidos por quienes desean la continuidad de la cárcel, ya que esta los reproduce de forma incontrolable. El objetivo del libro es mostrar otra versión de un futuro posible, en el que, una vez eliminada la máquina reproductora de delitos, tengamos la oportunidad de vivir mejor, o al menos con alguna esperanza razonable y sensata.

8 de marzo: la marcha a la cárcel de mujeres de Brieva (Ávila) denuncia las condiciones de las presas

Para el 8M, la Asamblea Anticarcelaria de Madrid ha convocado por el quinto año consecutivo una manifestación a la cárcel de mujeres de Brieva (Ávila). Esta protesta consigue visibilizar la estrecha relación entre la lucha transfeminista y el antipunitivismo así como revindicar los derechos de las personas presas y su derecho a la vida.

Varias de las personas que han participado a la marcha de este pasado domingo 8 de marzo, algunas expresas, denuncian la falta de atención médica en los penitenciarios. Asimismo han expresado su preocupación por los brotes de sarna en la cárcel de Mansilla de las Mulas, en León, o por la falta de asistencia médica a María José Baños Andújar. De acuerdo a la información de la Asamblea Anticarcelaria de Madrid esta mujer se encuentra gravemente enferma en el centro penitenciario Murcia II.

 

En todo el estado español hay unas 4.000 mujeres presas y un 80% de ellas ha sufrido violencia de género y ocho de cada diez son madres. “El problema de la cárcel es estructural, es un problema de pobreza, de no saber qué hacer con la gente que no encaja, a la que no se da oportunidades” y que parece que está destinada a terminar en un lugar así, alegan desde la Asamblea anticarcelaria.

Huelga de hambre masiva inminente por las cárceles de Reino Unido

Decenas de presos y presas políticas en distintas cárceles del Gran Bretaña han anunciado su intención de iniciar una huelga de hambre colectiva a partir del 2 de noviembre, una fecha elegida con plena conciencia histórica: el aniversario de la Declaración Balfour de 1917, en la que el gobierno británico expresó su apoyo oficial al proyecto sionista de colonización de Palestina.

La acción está coordinada por el colectivo Prisoners for Palestine, con el respaldo de la organización CAGE International, y podría convertirse en la mayor huelga de hambre organizada en las prisiones británicas desde 1981, cuando diez prisioneros republicanos irlandeses fueron martirizados tras 66 días de huelga en las cárceles del norte de Irlanda ocupado.

Los presos denuncian que el Estado británico criminaliza la solidaridad con Palestina y protege los intereses de las empresas armamentísticas que abastecen al régimen israelí. Desde hace meses sufren represalias, aislamiento, censura y agresiones por su militancia anticolonial y su compromiso con la resistencia palestina.

“Estamos presos por intentar detener un genocidio”

Entre las personas encarceladas se encuentran Audrey Corno y Francesca Nadin, ambas detenidas por acciones directas contra las instalaciones de Elbit Systems, la principal empresa de armas israelí. El 20 de octubre, ambas entregaron una carta al Ministerio del Interior británico en nombre de las 33 personas encarceladas por intentar detener el genocidio en Gaza.

En esa carta, los presos formulan cinco demandas claras y urgentes:

  1. Fin inmediato de toda censura y restricción a su correspondencia y comunicaciones.

  2. Libertad bajo fianza inmediata e incondicional.

  3. Derecho efectivo a un juicio justo y transparente.

  4. Retirada del movimiento PalAction de la lista británica de organizaciones “terroristas”.

  5. Cierre definitivo de todas las instalaciones de Elbit Systems en el Reino Unido.

Hemos agotado todas las demás opciones”, afirmaron los portavoces del colectivo, que subrayan que sus detenciones responden exclusivamente a motivos políticos. En muchos casos, no se han presentado cargos formales y las personas permanecen recluidas bajo la Ley Antiterrorista, una herramienta de represión cada vez más utilizada contra activistas y defensores de los derechos humanos.

Algunos presos llevan más de un año detenidos sin juicio, en condiciones degradantes y con graves restricciones a las visitas familiares, a la práctica religiosa y a la comunicación con el exterior.

De las fábricas de armas a las celdas británicas

Las acciones de sabotaje y bloqueo contra Elbit Systems —empresa israelí que fabrica drones y armas utilizadas en los ataques a Gaza— se han convertido en un símbolo del movimiento de solidaridad directa con Palestina. Desde 2020, PalAction ha protagonizado numerosas ocupaciones de fábricas y centros de distribución vinculados al complejo militar sionista.

Ante la presión popular, el Estado británico respondió con una ola de detenciones, registros domiciliarios y procesos judiciales que criminalizan a quienes se atreven a denunciar públicamente la complicidad del Reino Unido con los crímenes de guerra en Palestina.

Las cárceles se han convertido así en un nuevo frente de lucha, donde la resistencia continúa bajo otras formas. “Lo que comenzó como una campaña para detener la producción de armas para el genocidio en Gaza se ha transformado en una lucha por la libertad dentro de las prisiones”, explicó una de las abogadas del colectivo.

“Desde Guantánamo hasta Gaza: la misma maquinaria represiva”

El Dr. Asim Qureshi, director de investigaciones de CAGE International, calificó la huelga como “un paso histórico y una denuncia directa de la violencia institucional del sistema penitenciario británico”.

“Desde Guantánamo hasta Gaza”, afirmó Qureshi, “la infraestructura de leyes autoritarias creada para encarcelar, silenciar y castigar a quienes se oponen a las guerras y al genocidio debe ser desmantelada. Los presos son el corazón de nuestro movimiento por la justicia. Debemos honrar sus sacrificios y desafiar las injusticias que enfrentan”.

Las denuncias de maltrato sistemático incluyen agresiones físicas, aislamiento prolongado, confiscación de correspondencia y material de lectura, negación de atención médica y restricción del acceso al Corán. Ante el fracaso de sus apelaciones y la indiferencia institucional, las y los presos han decidido recurrir al último instrumento de resistencia que les queda: sus propios cuerpos.

La continuidad de una larga tradición de resistencia

Esta nueva huelga se enmarca en una tradición de lucha que une las celdas británicas con las palestinas. A principios de 2025, la activista Teuta “T” Hoxha, una de las Filton 24, realizó una huelga de hambre de 28 días que logró exponer públicamente la represión interna y forzar la restitución de derechos básicos dentro de la prisión de Peterborough.

Su acción provocó una ola de solidaridad internacional: presos políticos en Estados Unidos, como Casey Goonan y Malik Muhammad, se sumaron en huelga de hambre solidaria, denunciando la persecución global contra quienes apoyan a Palestina.

“Sabemos que no se trata solo de recuperar un trabajo o un privilegio dentro de prisión”, declaró Hoxha entonces, “sino de afirmar nuestra dignidad y rechazar el silencio que el Estado intenta imponernos”.

Su victoria parcial inspiró a decenas de compañeras y compañeros a planificar una acción colectiva más amplia, capaz de romper el aislamiento y visibilizar el vínculo entre represión interna y colonialismo global.

La prisión como territorio de lucha

El movimiento palestino ha hecho del encarcelamiento un espacio de resistencia. A lo largo de la ocupación sionista, miles de presos palestinos han recurrido a huelgas de hambre colectivas, uniendo sus cuerpos en una lucha común contra la deshumanización.
De la misma forma, los presos irlandeses de 1981, los militantes sudafricanos del apartheid o los prisioneros de Guantánamo han demostrado que el cuerpo del prisionero puede convertirse en un arma política cuando todos los demás medios de acción han sido arrebatados.

En palabras del líder palestino Ahmad Sa’adat, secretario general del Frente Popular para la Liberación de Palestina:

“De Ansar a Attica, de Lannemezan a Nafha, la prisión no es solo un lugar de encierro, sino un campo de batalla donde el oprimido se enfrenta al opresor.”

La huelga de hambre de los presos por Palestina en Reino Unido se inscribe en esa misma tradición de dignidad. Es una afirmación de vida y de humanidad frente a la deshumanización colonial y carcelaria.

Una llamada urgente a la solidaridad internacional

Las organizaciones Prisoners for Palestine y CAGE International han dado al gobierno británico hasta el 24 de octubre para responder a sus demandas. Si no lo hace, el 2 de noviembre comenzará la huelga.

Desde Samidoun Red de Solidaridad con los Presos Palestinos hacemos un llamado a todas las organizaciones, movimientos y personas solidarias a amplificar la voz de quienes hoy resisten tras los muros de las cárceles británicas, a presionar a las autoridades y a denunciar la criminalización de la solidaridad con Palestina.

“Después de que nos vayamos, ¿qué diréis que hicisteis? ¿Estuvisteis con nosotros en nuestra lucha o conformasteis el mismo sistema que nos llevó a la muerte?”, escribió el mártir irlandés Patsy O’Haradurante su huelga en 1981.

Hoy, esas palabras resuenan con fuerza desde las prisiones del Reino Unido hasta las celdas de la ocupación en Palestina.
Los presos y presas por Palestina nos interpelan a todos: su resistencia es un espejo de nuestra responsabilidad colectiva.

Fuente: samidoun

El infierno es un lugar muy pequeño

La idea del infierno nace con las primeras civilizaciones como aquel lugar para el castigo ubicado en el inframundo. Un lugar que, aunque hay ido cambiando por la influencia de diferentes culturas y religiones, siempre ha sido representado como un espacio de tormento y sufrimiento eternos. En la actualidad, comparar algo con el infierno es evocar algo doloroso, penoso, angustiante, y torturante. Si pensamos en el mundo carcelario, el averno, serían las situaciones de aislamiento penitenciario.

“El infierno es un lugar muy pequeño”, de hecho, es un libro1 que recopila los testimonios de hombres y mujeres que están o estuvieron presos en régimen de aislamiento en las prisiones de Estados Unidos (el país que más personas encarceladas tiene en el mundo). Los textos que se recogen describen los efectos devastadores que el confinamiento solitario provoca en sus mentes y cuerpos. Sin embargo, también describe la solidaridad expresada entre individualidades que viven unas al lado de las otras durante años sin encontrarse nunca cara a cara. En esta situación límite siempre están presentes los espectros de la locura, el suicidio, y la lucha por mantener la esperanza y la humanidad frente a la soledad forzada y la privación paralizantes. Los relatos recogidos se complementan con las voces de otras personas que desde su profesión pueden constatar los devastadores efectos en la salud física, mental y emocional.

Pero no tenemos que irnos muy lejos para encontrar otros testimonios igualmente aterradores en nuestros países. Las narraciones de las experiencias vividas en las secciones de aislamiento en las prisiones por todo el mundo son un potente grito de angustia de hombres y mujeres enterrados en el fondo del pozo. Aislar física y socialmente a las personas (apartarlas de la compañía de otras), reducir cualquier tipo de estimulación sensorial y ambiental (encerradas en lúgubres cubículos con apenas actividades) y arrancarlas el control sobre casi todos los aspectos de la vida cotidiana (no tener autonomía y estar estrechamente vigiladas) son lo que caracteriza este encierro dentro del encierro. Algunas de las experiencias que esta forma de maltrato y tortura generan dicen que:

Es volverse invisible. Mualimm-ak escribe que las personas en aislamiento “se vuelven desesperadas por tener contacto con otro ser humano […] Al perder ese contacto, se pierde el sentido de identidad. Uno se convierte en nada. Eso es lo que quiero decir cuando digo que me volví invisible incluso para mí mismo”.

Es como estar muerto en vida. Jacques Merine lo definía como lo más parecido a estar en una lápida a la que, de tanto en tanto abrían la tapa para comprobar si aún continuabas respirando.

Es volverse loca. Miguelina así lo vivió: “Estás todo el tiempo sola. Sentía angustia, llanto. Me estaba trastornando, como viendo cosas que no había, ya hablaba sola. Estaba como enloqueciendo, porque ya creo que pensaba tonterías, hablaba sola, y nunca había nadie”.

Es animalizarse. Santi relata como en esa situación era inevitable animalizarse, al mismo tiempo que imprescindible para sobrevivir. “Te obligan a renunciar a la humanidad y acabas convirtiendo el odio en pura pulsión”.

Es desear morirte o acabar suicidándote. Javiera así lo contaba: “No tienes donde mirar, todo igual, solo la pared y el muro. Entonces empiezas a pensar, a pensar, a pensar y eso te va deprimiendo. Es algo para lo que una tiene que prepararse psicológicamente. Porque hay personas que le afectan, que no son tan fuertes como otras y les afecta, o sea, salen medio mal o, incluso, … no salen”.

La lacra de los suicidios en las prisiones es otra realidad silenciada. Estar en aislamiento, además, es un factor de riesgo que incrementa la posibilidad de llevarlo a cabo.

Visibilizar estas situaciones es una forma de romper los muros y asomarnos al abismo que supone imaginar el encierro desde el encierro. En tiempos donde estamos cuestionándonos nuestra propia humanidad ante el genocidio en directo del pueblo palestino me arrogo la pregunta: ¿Cómo afecta a nuestra humanidad deshumanizar a otras personas hasta tal punto que les permitimos vivir en condiciones degradantes incluso para cualquier animal, y hacerlo en nombre de nuestra propia seguridad y bienestar?

1 https://solitarywatch.org/new-book-hell-is-a-very-small-place-voices-fro…

Fuente: Desinformemonos

¿Hay alternativas al aislamiento penitenciario?

En los últimos años he estado presentando a lo largo de la geografía de la península ibérica el Informe de la Campaña para la abolición del aislamiento penitenciario. Una de las preguntas que más se repetía durante las presentaciones era si había algún país que hubiera acabado o limitado la práctica de aislar a las personas presas como castigo o por seguridad. Habría que aclarar de entrada que el aislamiento forma parte del origen de las prisiones actuales por lo que acabar con su uso significaría de alguna forma socavar uno de los pilares en los que se sustenta por lo que su abolición iría unida al de la institución que lo mantiene.

Dentro de las distintas maneras en que se aplica el aislamiento penitenciario, una de las prácticas más criticadas por las organizadores de derechos humanos, tanto nacionales como internacionales, es el confinamiento solitario o aislamiento prolongado. Está reprobación se basa en los graves efectos científicamente comprobados en la salud mental, los daños psicológicos irreversibles, un deterioro cognitivo profundo, entre otros daños sociales y físicos, como el riesgo de suicidio. Su uso constituye un trato cruel, inhumano o degradante que constituye tortura en muchas de sus aplicaciones. Tal es el daño que produce que los estándares de derechos humanos lo han definido y limitado. Así, las Reglas Mandela de las Naciones Unidas para el tratamiento de los reclusos consideran que el aislamiento prolongado, que es aquel que se extienda durante un período superior a 15 días consecutivos, debería estar prohibido. De igual manera prohíbe las sanciones de aislamiento para personas con discapacidad física o mental, mujeres embarazadas o con bebés y en niños y niñas.

Para intentar revertir esta situación el Estado de Nueva York aprobó en el 2021 la Ley de Alternativas Humanitarias al Aislamiento Prolongado- Ley HALT, (Humane Alternatives to Long-Term Solitary Confinement Act) tras años de presión popular. Su objetivo es limitar el uso del confinamiento solitario en prisiones y cárceles de ese estado, definir alternativas más humanas o terapéuticas cuando se requieren medidas disciplinarias, y proteger a las personas vulnerables. Define “confinamiento segregado” como cualquier forma de estancia en celda por más de 17 horas al día. Limita el aislamiento prolongado a 15 días consecutivos como máximo. Prohíbe el aislamiento para grupos vulnerables: personas jóvenes (menores de 21 años), personas mayores (mayores de 55 años), embarazadas o en periodo postparto, personas con discapacidades físicas o mentales, personas con enfermedades mentales serias. Obliga a que tras los periodos de aislamiento prolongado se usen unidades rehabilitadoras residenciales (“Residential Rehabilitation Units”, RRUs), que proporcionen terapias, programación educativa o rehabilitadora, actividades fuera de la celda, contacto humano, etc. Estipula revisiones periódicas, supervisión, exigibilidad de justificaciones escritas para mantener a alguien en aislamiento, y transparencia/reporte público sobre cómo se está usando el aislamiento.

La Ley HALT representa un paso significativo porque reconoce los daños del aislamiento prolongado, ofrece un marco legal para reducir su uso, proteger a los grupos más vulnerables, y promover alternativas más humanas. En lugar de usar el aislamiento como medida punitiva principal, fomenta unidades con enfoque terapéutico, programas de rehabilitación, educación, actividades fuera de la celda, lo que puede favorecer la readaptación social, reducir reincidencia, y mejorar las condiciones de vida. Además, instituye mejoras en los procesos disciplinarios: audiencias, justificaciones escritas, supervisión institucional, reportes públicos, etc. Todo esto contribuye a que haya un mayor escrutinio y responsabilidad pública de cómo se aplica el aislamiento.

Este intento de reforma ha ido acompañado de reacciones del “poder carcelario” de los sindicatos de prisiones (como lo define José Navarro Pardo) que alegando la manida seguridad han realizado huelgas ilegales que han provocado ya la muerte de varias personas presas y han abocado a la suspensión de su aplicación. Estas movilizaciones ignoran que ambientes menos centrados en el castigo extremo y más en la rehabilitación pueden reducir tensiones, incidentes violentos derivados del aislamiento prolongado, y mejorar el clima institucional.

En otros países como Canadá, distintos fallos judiciales provocaron la sustitución de la llamada eufemísticamente “segregación administrativa” que se aplicaba por una sistema de Unidades de intervención estructurada (SIU, Structured Intervention Units en inglés) que constan de más supervisión y requisitos mínimos (más horas fuera de celda y protocolos de atención). Las supervisiones de este modelo han destacado que no se cumplen con los requisitos legales y que además, hay una sobrerrepresentación de personas con problemas de salud mental y de pueblos originarios.

En los Países Bajos el sistema penitenciario ha experimentado reformas creativas conocidas como soft isolation que suponen condiciones de aislamiento menos privativas acompañadas de proyectos de reinserción. Todo ello bajo un enfoque individualizado que implica consultar con médicos antes de ordenar aislamiento. Allí no hay una ley única que prohíba el aislamiento, pero sí prácticas y proyectos piloto orientados a reducir el daño reconocido que genera este régimen.

Para ser efectivas estas reformas “reformistas” deberían ir acompañadas de definiciones claras en la norma, prohibiciones explícitas, límites temporales concretos y alternativas reales. A lo que habría de acompañar evaluaciones periódicas de los impactos que tienen las medidas en la salud mental y en la seguridad, junto con planes de formación y supervisión externa, no solo por vía judicial sino también institucional y de la sociedad civil.

¿Dónde poner la energía: en reformar, en reformar para acabar o en acabar con el aislamiento penitenciario? Tú decides.

Campaña para exigir la puesta en libertad condicional de Antonio Arevalillo por enfermedad y patologías graves

Comienza la campaña para exigir la puesta en libertad condicional de
Antonio Arevalillo por enfermedad y patologías graves. 104.4 del RP. Lleva más de 42 años preso y desde hace dos que encuentra en grave peligro su salud, al recibir una paliza en la cárcel de Zuera en 2017 por parte de ocho funcionarios causándole lesiones muy graves en la cara y perforaciones. El abandono sanitario de instituciones penitenciarias de Estremera ha derivado, en un tumor que ha precisado de seis operaciones y la perdida de la totalidad de la nariz.

Del 15 al 18 de septiembre se tratará de enviar el máximo de fax 914007438, mails audiencianacional.centralvigilancia@justicia.es o cartas al juzgado Central de Vigilancia Penitenciara C/ Goya 14,28001 Madrid (España)

Para más información en el canal: https://t.me/AntonioArevalilloSanz

19 de septiembre, presentación del libro «Por qué abolir la cárcel», con Alicia Alonso Merino en Dlibros (Torrelavega)

Por fin confirmamos la fecha de la presentación del libro «Por qué abolir la cárcel» que aplazamos en el mes de mayo para dar voz a Jose Alfredo Miranda y su lucha en el manicomio (psiquiátrico) de Santa Isabel en Palencia durante la que llevo a cabo una huelga de hambre.

¿Por qué abolir las prisiones? Razones no faltan. La cárcel es sinónimo de violencia, una violencia implícita y explícita de un sistema basado en el dolor, la pena y la venganza. Incluso la mejor cárcel resulta sustancialmente inaceptable. El libro que presentamos en su edición en castellano, nos ayuda a poner en el debate público y a cuestionar la existencia de la prisión, el uso del derecho penal y la cultura del castigo como respuesta a problemas sociales creados por el sistema capitalista-racista-heteropatriarcal en el que vivimos.

POR QUÉ ABOLIR LA CÁRCEL

Edicición en castellano de un magnífico libro que recorre los argumentos del movimiento «No prisón» en Italia, para cuestionar la existencia de la cárcel como respuesta al delito y puede servir como inspiración para promover o reforzar similares iniciativas en el Estado Español.

Las razones del Movimiento “No Prison”, de Livio Ferrari y Giuseppe Mosconi, que ha sido traducido por Alicia Alonso y editado por Zambra/Baladre en noviembre de 2021.
Nos parece fundamental que entre dentro del debate público el cuestionamiento de la existencia de la prisión, el uso del derecho penal y la cultura del castigo como respuesta a problemas sociales creados por un sistema capitalista, racista, heteropatriarcal, individualista y altamente competitivo.

El texto va desgranando los argumentos que utiliza el Movimiento “No Prison” en Italia para cuestionar la existencia de la cárcel como respuesta al delito y puede servir como inspiración para promover o reforzar iniciativas similares en el estado español. No faltan razones para abolir las prisiones: la cárcel es sinónimo de violencia y refleja un sistema social basado en el dolor, la pena y la venganza.

La pena de cárcel es un castigo que no reinserta por varias razones bien conocidas:
– porque la mayor parte del presupuesto empleado se utiliza en medidas de seguridad y las tasas de reincidencia son altas debido a su carácter criminógeno.
– porque es discriminatoria, puesto que gran parte de las personas encerradas son pobres o con escasos recursos y oportunidades.
– porque empobrece a una mayoría, ya que cuando las personas salen habrán perdido sus empleos y sus bienes (si los tenían) y en algunos casos hasta sus familias.
– porque enferma, pues las condiciones de encierro provocan dolencias físicas y psíquicas, muchas de ellas irreversibles.
– porque castiga a inocentes, debido a que la condena se extiende a toda la familia y personas allegadas que no han cometido ningún delito.
– porque estigmatiza, dificultando sobremanera la reincorporación de las personas al lugar de procedencia.
– porque no repara a la víctima, pues se basa fundamentalmente en la venganza y no en la reparación del daño o desequilibrio causado.
– porque reproduce la violencia, ya que ésta forma parte inescindible de las instituciones y en concreto de la cárcel, tal como la conocemos.

Se puede objetar que abolir las prisiones sea una utopía. Lo mismo se pensaba de los manicomios y hospitales psiquiátricos, pero en el año 1978 en Italia, se aprobó la “Ley Basaglia” que los abolía.

Como decía Galeano, la utopía nos sirve para caminar. Así los caminos para conseguir la utopía deben comenzar por reducir el uso de la prisión a su mínima expresión para lograr que algún día desaparezca. Podría empezarse por ampliar las concesiones de terceros grados, incrementar las penas alternativas, acabar con la violencia extrema que suponen los primeros grados o el régimen de aislamiento, legalizar y regularizar la producción, distribución, venta y consumo de todas las drogas, incentivar la justicia restaurativa, reducir las condiciones de empobrecimiento con la renta básica de las iguales… y todo ello con más organización, comunidad y apoyo mutuo. ¿Por qué no? Abolir las cárceles y la cultura del castigo es nuestra utopía.

Gentes de Baladre

Se extiende el brote de sarna en la cárcel de Masilla de las Mulas en León

FAMILIARES, AMIGOS Y AMIGAS DE LOS PRESOS DE LA CÁRCEL DE MANSILLA DE LAS MULAS, en León, han denunciado ante nuestro colectivo y otras instancias la existencia de un brote importante de sarna en el interior de la prisión, una situación que lleva ya meses activa y que la dirección de la cárcel oculta y niega.

Desde hace meses ha habido denuncias por la existencia de una plaga de chinches y algunos presos han sufrido serios picores y ronchas en la piel que no fueron debidamente tratadas. Nos consta (las denuncias son anónimas para evitar represalias) que son decenas los presos afectados, situación que ha sido puesta en conocimiento de los servicios médicos de la cárcel y de la dirección, sin que se hayan tomado las medidas básicas de higiene para detener la plaga, como cambio de colchón, de la ropa de cama, toalla, ropa personal. Además, como es habitual cuando hay quejas entre los internos, los presos que se han atrevido a denunciar esta situación han sido castigados. Según ha podido saber nuestro colectivo de fuentes médicas, el brote de sarna está ya muy avanzado en la cárcel de Mansilla.
Hay que decir también, que por cuestiones económicas, los presos que no tienen poder adquisitivo no pueden permitirse que alguien desde el exterior les entregue prendas nuevas y limpias.
Otra situación de riesgo es que en la lavandería se junta la ropa de todos los presos, sin discriminar las prendas de los que están afectados de sarna de los que no, lo que supone una mayor propagación del contagio.

Desde CDHC denunciamos el abandono sanitario que sufren las personas presas en este país. No se trata solo de que las plazas del personal sanitario no se cubran. La atención que reciben l@s pres@s es insuficiente, muchas veces inexistente, inadecuada, vejatoria, como lo demuestra el hecho de estar acompañados en consulta por las fuerzas del orden.

Exigimos a la dirección de la cárcel y al Servicio Territorial de Sanidad de León que todos los afectados sean vistos inmediatamente por especialistas para que les apliquen un tratamiento adecuado a su dolencia, que se adopten todas las medidas necesarias para erradicar esta plaga, antes de que se convierta en un problema de salud pública.

La sarna si no se trata a tiempo y de forma tajante puede provocar secuelas de por vida, y hasta la muerte. La desesperación que sufren estas personas por los insoportables picores junto con el trato humillante por parte de los servicios médicos de la prisión les pueden llevar a situaciones límite de las que serían responsables todos aquellos que no hicieron nada para evitarlas.​

COLECTIVO PARA LA DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS EN LAS CÁRCELES (CDHC​)