Pastora González: Una vida de lucha contra la cárcel

Una vez un niño soñó con fugarse, fugarse de la mirada perniciosa, de la mano que acorrala, del gruñido que acosa, de noches tormentosas. Una vez un chico soñó con correr paraje adentro, encontrarse en otros rostros y otras risas y entrelazarse las manos para juntos seguir corriendo. Una vez un hombre soñó con huir, huir de la cárcel, de la prisión, del encierro, del aislamiento. Aquello quedó en un sueño. Nunca lo logró. Murió de encierro.

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Baila que baila, baila…

…Todo lo que trajo el “desarrollismo”, el “modernismo”, el supremo crecimiento, es pura mezquindad y la pérdida total de la confianza en nuestras fuerzas: se pone siempre entre la comunidad al Estado. Entonces los vecinos son capaces de pagar a una empresa de seguridad o llamar al milico por miedo a que le roben un televisor. Milico que puede matar de un tiro por la espalda a su hijo o violar a su nieta. ¡Una insania social más del señor capital! Se recurre a la sospecha más que al arrime y conocimiento del otro. ¿Qué justicia son las cárceles? Hay que seguir este debate, dónde se cuadre. Porque mientras haya una gran parte de la humanidad que piense que la cárcel es lo que evita que alguien nos mate, pegue o agreda, estamos perdidos. Porque mientras pensemos que la represión y las rejas nos protegen más, nos parecemos a los gendarmes, y más nos alejamos de la libertad. Más nos alejamos de los pájaros. Y son tan libres…

Abrazos Ir.

Montevideo, 29 de marzo 2016

Fuente: Los huesos del viento

Solidaridad con las compañeras Anna y Silvia. Comunicado al inicio de su huelga de hambre en la prisión de L’Aquila (Italia)

El pasado 29 de mayo de este año dos compañeras, Anna, detenida en la operación Scripta Manent, y Silvia, detenida en la operación Scintilla, encarceladas en la prisión italiana de L’Aquila, bajo un régimen muy parecido al 41bis, deciden empezar una huelga de hambre.
Dicho régimen podría tener su símil con el régimen fies en el estado español.
Las compañeras llevan a cabo esta práctica de lucha no pidiendo reformar este módulo sino el cierre de la sección entera y su traslado inmediato a otra cárcel.

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¿Cuánto cuesta la justicia?

Más de 80 días desde el inicio de este proceso de lucha (huelga de hambre indefinida de presxs en Chiapas) en busca de justicia y libertad. Horas, días, semanas y meses de una sucesión de hechos que van desde la resistencia al desgaste; de la dignidad a la ignominia; de la apuesta por la vida y por la libertad, aún con el costo de estar dispuestos a entregar la vida misma por encontrarla.

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Pastora vive en nuestros corazones

Que la lucha no muera
25 de abril de 2019

Desde abril del año 2017 un intercambio entre Pastora y varias madres, ex-presas y compañeras mexicanas que viven el encarcelamiento de sus hijos, padres y compañeros, se hizo posible gracias a un proyecto documental titulado : “ Nos Robaron las Noches” Mujeres ante la cárcel, desde entonces se íban tejiendo varias cosas. Aquí recopilamos algunas cartas que las compañeras protagonistas de este documental escribieron el 25 de abril 2019 al enterarse del fallecimiento de nuestra querida compañera Pastora y que compartimos con ustedes, así mismo compartimos un audio traducido simultáneamente en francés que Pastora dejó a su paso por Toulouse en el marco de los encuentros en torno al proyecto documental “nos robaron las noches mujeres ante la cárcel, miradas vivencias y luchas” que tuvo lugar el 9 de abril de 2017.

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La pena de la justicia

La pena de la justicia

“…La prisión es realmente el pequeño secreto sucio de la sociedad, la clave, y no el margen, de las relaciones sociales más presentables. Lo que se concentra aquí en un todo compacto no es un montón de bárbarxs asalvajadxs como les gusta hacernos creer, sino más bien el conjunto de disciplinas que afuera tejen la existencia llamada “normal”. Vigilantes, comedor, partidos de fútbol en el patio, horarios, separaciones, camaradería, peleas, fealdad de las arquitecturas: es necesario haber estado en prisión para tomar la medida plena de lo que la escuela, la inocente escuela, contiene, por ejemplo, de carcelario.

Considerado desde este ángulo inexpugnable, no es la prisión la que sería una guarida para lxs fracasadxs de la sociedad, sino la sociedad presente la que parece una prisión fracasada. La misma organización de la separación, la misma administración de la miseria por el chocolate [hachís], la tele, el deporte y el porno, reina en todas partes con menos método. Para terminar, los muros elevados sólo esconden a las miradas esta verdad de una banalidad explosiva: las vidas y los espíritus son exactamente iguales a ambos lados de las alambradas y a causa de ellas. Si se busca con tanta avidez los testimonios “del interior” que expondrían al fin los secretos que la prisión esconde, es para ocultar mejor el secreto de lo que es: el de la servidumbre de lxs que se consideran libres mientras su amenaza pesa invisiblemente sobre cada uno de sus gestos.

Toda la indignación virtuosa que rodea la negrura de las celdas y sus reiterados suicidios, toda la grosera contra-propaganda de la administración penitenciaria que pone en escena para las cámaras a lxs carcelerxs devotos del bienestar de la persona detenida y a los directores de prisiones preocupados por el «sentido de la pena». Resumiendo: todo este debate sobre el horror del encarcelamiento y la necesaria humanización de la detención es viejo como la prisión. Incluso forma parte de su eficacia, ya que permite combinar el terror que debe inspirar con su estatus hipócrita de castigo “civilizado”. El pequeño sistema de espionaje, de humillación y de estragos que el sistema dispone en torno a la detenida de manera fanática, ni siquiera es escandaloso. Cada día el Estado lo paga con creces en sus suburbios y sin duda sólo es el principio: la venganza es la higiene de la plebe.

Pero la impostura más notable del sistema judicial-penitenciario consiste ciertamente en pretender que está ahí para castigar a lxs criminales cuando no hace sino gestionar las ilegalidades. Cualquier patrón, cualquier presidente, cualquier juez/a, cualquier carcelerx, cualquier poli sabe que las ilegalidades son necesarias para ejercer correctamente su oficio. El caos de las leyes es hoy tal, que se trata de no respetarlas demasiado, y en cuanto a los estupefacientes, se trata de regular sólo el tráfico y no de reprimirlo, lo que sería social y políticamente suicida.

La división no es entre legal e ilegal, como pretende la ficción judicial, entre inocentes y criminales, sino entre los criminales que se cree oportuno perseguir y los que se deja en paz como requiere la policía general de la sociedad. La raza de los inocentes hace tiempo que se extinguió y no es la pena a lo que condena la justicia: la pena es la justicia misma”.