
Encarcelamiento de una mujer pobre en un país árabe. Estas pocas palabras bastan para reflejar una vulnerabilidad sostenida sobre un fino hilo, al borde del abismo de la depresión, y una se pregunta: ¿Cómo no se sumergen en ella? ¿Cómo no se esconden ahí hasta desaparecer? ¿Y cómo, muchas veces, no se transforman en monstruos?
Se han contado una y otra vez las mismas historias sobre las cárceles árabes sin que se consiga ningún cambio. En ellas hay igualdad entre hombres y mujeres, aunque únicamente en el sufrimiento y en la falta de derechos. Sin embargo, para las mujeres presas, el impacto del dolor se multiplica enormemente a causa de su rol peculiar y de sus necesidades particulares.
Miles de mujeres están encarceladas en Egipto. Las cárceles más conocidas se llaman Damanhour, en la gobernación de Beheira, y Al Qanater, en El Cairo*. En ellas están encerradas centenares de historias sobre dificultades, carencias y vacíos jurídicos, ausencia de justicia que sufren por igual las llamadas delincuentes y las presas políticas como Mahinour al Masri, que ha pasado por diferentes cárceles, Jamila Serreddine o Salma al-Khechen que fueron encarceladas por defender causas públicas y ofrecen ahora sus testimonios en este articulo.








